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María Ángeles Pérez López*

De las vocales brotan los vencejos.

Del viento que acobarda a los aviones

y sopla sobre el mundo

su alboroto,

de la risa ruidosa

en los dos circunloquios del calor,

se desprenden

y vuelan

los vencejos.

En sus ojos oscuros se ha adentrado la noche.

Entra el mar

con acopio de piedras y de ahogados

en su plumaje oscuro.

Entran los signos

de intervalo y visión de la quimera.

Pero la luz salpica en su garganta blanca

toda la algarabía de la tarde.

Disco de lo visible y lo invisible,

desde tu boca brotan los vencejos.

Al mojarse son sombra sobre tu corazón.

Durante largos meses

persisten

sobre el aire.

Sostienen el oxígeno

del aire.

Son vuelo y simetría, apus apus.

Hijos de la velocidad y la distancia

solo bajarán a anidar

y a ofrecerse.

Le temen al suelo

en su insistencia pegajosa

y al color

miserable

de divisas y emblemas.

Por eso entran en ti y en tus vasos sanguíneos.

De la úvula y el hombro, la clavícula,

la boca que los nombra y retribuye

-ángeles excedidos de lo súbito-

brotan de ti,

que giras y persistes

para el aire.

 

Revista editada en Madrid por Teatrero del ITEM.
Registro Legal: M.17304-1980
ISSN(e): 3020-4062